lunes, 9 de marzo de 2020

Esta poca cosa

La noche cubre la tierra. El lugar del mundo que habito. Los edificios donde las ventanas están iluminadas. La noche llega sin que le importen nuestros problemas, nuestro miedo, nuestra existencia siquiera -ella, la noche, existe desde el principio de todo, no como nosotros.

Siento una gran compasión hacia la especie a la que pertenezco. Somos tan frágiles. Pero, aunque no sirva de nada, podemos dar testimonio. Vivimos en desiertos de arena y en desiertos de hielo. La compasión se mezcla con la admiración, sabiendo que tal sentimiento le da absolutamente igual a la naturaleza.

Escucho el Réquiem de Mozart, la música conocida inundando mi cerebro. Maite ya duerme. Mi corazón parece disolverse ante tanta belleza. La música, la música. La noche cubre la tierra con su capa de estrellas que ya no existen. Barbastro comienza a retirarse a sus aposentos. Yo lo haré pronto. A esto llamamos vida, y sí, lo es, sin duda alguna lo es. Esta poca cosa que contempla un universo infinito.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Yo no sé nada

Me he recortado la barba y duchado ahora para no tener que hacerlo mañana al despertarme. Bueno, la barba me la recorto cada quince o veinte días (hoy ha sido una masacre, había dejado pasar un mes y parecía un náufrago). Me siento ante mi portátil y puedo sentir lo bien que huelo: a champú, a gel de baño. Hasta me he servido un whisky con hielo. Mis problemas, por supuesto, no han desaparecido con la ducha. No olvido lo que me rodea. No me alejo de lo que se avecina, cómo hacerlo, pero es diferente hacerlo recién duchado, limpio como una patena y antes de ir a dormir, que hacerlo al final del día sucio, ansioso y sin sueño.

Yo no sé nada. Nada. He contactado con un nuevo psicólogo porque necesito ayuda, eso es algo que sé muy claramente. Esta tarde hablé con él para concertar la primera cita y en esa charla intercambié con él más comunicación que con mi última psicóloga en doce sesiones. Tengo esperanza. Esperanza en que me ayude a gestionar mis emociones, la profunda tristeza del Alzheimer de mi madre, mis propios problemas, lo que soy en este mundo absurdo y a la vez, a pesar de todo, tan hermoso y fascinante. Ya veremos.

Yo no sé nada. La vida me arrastra mientras intento tomar nota de ella. Soy uno de esos dibujantes que los barcos de exploración llevaban a bordo en siglos pasados, artistas que lo mismo dibujaban pájaros desconocidos que medusas o estrellas de mar con todos sus detalles.

Es de noche y es tarde. Sí, pienso mucho en mi madre y en mi padre, pero esos pensamientos intento incluirlos en el conjunto habitual de las cosas en las que pienso habitualmente. ¿Por qué no podemos dejar de pensar, de interpretar, de imaginar? No imagino paz mayor que liberarnos de esa condición tan humana sin desaparecer, aunque creo que algo semejante es absolutamente imposible.

La noche avanza. Yo no sé nada. Cerraré los ojos agotado y los abriré mañana por la mañana. Allí estará despierta y en pie la misma tristeza. La misma ignorancia.

lunes, 2 de marzo de 2020

Se pierde en la niebla

Mi madre está muy enferma, y lo está de una de las peores enfermedades que pueden apoderarse de nosotros: la que poco a poco nos arrebata los recuerdos, la memoria, el reconocimiento de la realidad. Es terrible y hoy he sufrido durante todo el día tras leer los comentarios de mis hermanos en el grupo que tenemos. Me duele tanto, me produce tanta tristeza y esta infame sensación de injusticia cuando pienso en lo que mi que madre ha sido: su genio, su brillante inteligencia, su capacidad de entender y analizar en una palabra cualquier situación.

Nos espera una época muy dura, e inmediatamente pienso en mi padre, que la cuida, que convive con ella, que no quiere saber nada de otras soluciones alternativas. Mi padre, que a sus ochenta y tres años está al pie del cañón como siempre lo estuvo; mi padre, el mejor ser humano que he conocido en toda mi vida. Asistir a su tristeza y desolación al ver cómo su compañera se pierde en la niebla me rompe el alma. Me destroza. Lloro y no sirve de nada. Pienso y no sirve de nada. Escribo y no sirve absolutamente de nada.

Lo único que me ayuda es saber y constatar que sus hijos nos queremos y les queremos. Esto lo afrontaremos juntos, aunque algunos vivamos más lejos que otros.  Siempre supe que esta etapa de la navegación llegaría, pero uno nunca está preparado. Nunca lo está en realidad, nunca lo estamos, jamás.  La  vida no funciona así porque siempre, incluso aunque nos neguemos a aceptarlo con gestos pueriles, la vida siempre es esperanza, y cuando esta comienza, casi sin darnos cuenta, a desaparecer, asoma otra verdad tan poderosa como aquella: la vida es amor. Me aferro a ese amor mientras navegamos. El amor es la verdad, la única verdad.

jueves, 27 de febrero de 2020

El error es pensar que sobrevivirás

La aparición de un nuevo tipo de gripe ha vuelto loco al mundo, cerrando fronteras, estigmatizando países, aislando territorios. Yo, que cada mañana atiendo a otras personas a través de la distancia de una mesa; yo, que doy la mano y también besos; yo, que abrazo, respiro tranquilamente y pienso que ninguna decisión se debe tomar bajo el pánico cerval que anula cualquier racionalidad, cualquier pensamiento fruto de la inteligencia.

Por otra parte recuerdo la frase del guión de una película de la segunda guerra mundial en la que un oficial le dice a un soldado que tiene miedo que su error consiste en pensar que sobrevivirá. Desde que saltaste en paracaídas del avión ya estás muerto, lucha como si lo estuvieras, le dice. Me impresionó porque la vida es igual: nacemos muertos. Todos nosotros. Únicamente desconocemos la fecha y el modo. Creo que saberlo es una buena manera de vivir.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Un punto de luz

Febrero se desliza como una lombriz buscando la sombra. El cielo es alto y cruzado a veces por las líneas rectas de los aviones. Dos mil veinte avanza porque no puede hacer otra cosa. Yo disfruto y sufro sin orden ni concierto, aunque qué importa: soy un punto de luz flotante entre los miles y millones que el sol ilumina a través del cristal.

Todo está bien.

Todo está bien.

lunes, 10 de febrero de 2020

Camino pequeño

Y así navegamos a través de un paisaje aparentemente monótono y repetitivo que en absoluto lo es. No pasa nada. Deberíamos sentir piedad por la mortalidad de todo lo que existe sin entrar en bucle. No pasa nada: moriremos antes o después, y nuestros hijos y nietos y tataranietos también. Como el hielo de los polos y las junglas lluviosas: todo morirá. Nos queda la compasión menos pesada, la más ligera para caminar, y, sobre todo, la curiosidad. Mira eso, mira aquello, ese camino pequeño que se desvía del principal, ¿a dónde conducirá?

martes, 4 de febrero de 2020

Lava del sol

Con los ojos cerrados estiro el brazo para activar la luz del techo del dormitorio. La oscuridad de mis párpados se transforma de pronto en la ardiente superficie de lava del sol.

domingo, 2 de febrero de 2020

El cielo era azul

Hemos comido en casa de mi hermano. Lucía el sol y hemos podido tomar un vermú en el jardín. Ha llegado mi hermana y casi toda su familia. El cielo era azul. Conejo al ajillo. Huevos rellenos. Anchoas en salmuera. Salmón ahumado. Qué delgada mi madre. Qué triste mi padre. Sé que sólo puedo dibujar lo que veo sin poder cambiarlo. Si pudiera devolver la memoria al cerebro de mi madre. Si pudiera devolver la alegría cotidiana a los ojos de mi padre. Qué azul era el cielo sobre la casa de mi hermano.

martes, 28 de enero de 2020

Rugido

Una vida tranquila
a pesar del rugido del
silencio infinito.

sábado, 25 de enero de 2020

Como si fuésemos a entrar en abril

Me cuesta mucho creer que todavía no haya terminado enero. Para mí es como si fuésemos a entrar en abril, eso me dicen los sentidos, la memoria, la sensación del tiempo transcurrido. ¿Todavía es enero? ¿Ni siquiera ha pasado un mes desde aquel lejano, lejanísimo día de año nuevo? Sí. No. Vuelvo a ser un niño, cuando el tiempo no existía ni existiría jamás.