viernes, 4 de febrero de 2011

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El monstruo se acercó al amanecer con una taza humeante entre las manos. Exhalando vapor por la boca contempló nuestro mundo y se preguntó, pensando en sus queridos hibiscos y jazmines, si habríamos sobrevivido a las heladas de estas semanas. Yo no sabría decir si estamos muertas o vivas, aunque se me ocurre que si soy capaz de hacer estas reflexiones será que yo, al menos yo entre mis hermanas, sí estoy viva. El invierno es largo en la oscuridad, y durante algunas de las madrugadas más duras a punto estuve de convertirme en una gota de hielo en lo profundo del hormiguero, pero aquí estoy. El monstruo se ha ido, confiado en que este invierno terrible le haya librado de nosotras. Pobre ignorante, no sabe que llevamos librando esta batalla desde hace millones de años y nunca la hemos perdido.

2 comentarios:

José Luis Ríos dijo...

Muy bueno de leer, Jesús, y sorprendente. Hace muchas semanas que no me acuerdo de las hormigas. Aunque no es del todo cierto, creo que he hecho, al menos, una foto a un hormiguero en estas últimas semanas tan frías. Voy a fijarme más.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

¿Un hormiguero activo? En la terraza del monstruo desaparecen en invierno para, ay, reaparecer con el buen tiempo y atacar los hibiscos y otras plantas. Yo no les deseo nada malo: se cuenta que la muerte por congelación es dulce y pacífica...