martes, 15 de febrero de 2011

46

Anteayer tuvimos el placer de disfrutar de un maravilloso concierto de piano interpretado por Teresa Vilaplana Maza, hija de la directora de mi coral y en su día compañera en la cuerda de las contraltos. Desde hace ya unos años vive, trabaja y estudia en Salzburgo, ella es la joven estudiante española que aparece en el primer texto que publiqué en Las cinco estaciones en marzo de dos mil siete. Lo mejor de Teresa, una pianista excepcional, no es únicamente su virtuosismo o la delicada sensibilidad con la que interpreta las partituras, lo mejor es algo que se mantiene intacto desde que era alumna de Maite: su personalidad sencilla, natural, tímida y absolutamente ajena, a pesar de sus logros y éxitos, a la petulancia y la megalomanía. Su talento nos regaló la partita BWV 826 en Do menor de Bach, la obra «Cançons i dances» de Mompou, Momentos musicales Op. 94 de Schubert, y de bis la sorpresa, de la que ni siquiera sus más íntimos estaban informados, de tocar unas canciones de Falla con una compañera suya de Salzburgo, María Moros Ballesteros, intérprete de viola venida desde Zaragoza para la ocasión. Fue una bellísima velada que convirtió la tarde del domingo en un verdadero acontecimiento. Enhorabuena.

Sin comentarios