sábado, 8 de abril de 2017

Seda china

Durante nuestro paseo matinal hemos descubierto las primeras amapolas de la estación. Entre las flores que más me gustan están las amapolas silvestres de frágiles y efímeros pétalos de seda china. Catorce grados de temperatura y una suave brisa: ojalá el verano se plantara aquí.

Maite y yo conversamos y callamos mientras caminamos. A mí me gusta mucho cuando no nos decimos nada durante algunos minutos, sentirla a mi lado mientras avanzamos hacia adelante entre el canal y los campos de cebada y las encinas. Todavía hay nieve en las montañas, algo imposible de creer cuando de regreso al coche comienzo a sudar un poco. Y en las lindes de los campos las primeras amapolas de un color rojo tan puro y ajeno a la inteligencia humana también resultan difíciles de creer. Qué planeta tan extraño es nuestro hogar.

2 comentarios:

JL Ríos dijo...

Extrañísimo. A estas mismas horas, ayer, en el aeropuerto de Estocolmo, ahí es nada, nevaba. Pocas horas después, en Barcelona. la temperatura era unos veinte grados superior. Me gusta el frío, pero no sé si el frío mantenido, como en Estocolmo, sería una temperatura agradable de manera indefinida. Pero peor es el calor.

Bueno: Helena, alumna de M. da clases en un instituto superavanzado de Estocolmo. Completa su horario con clases en el Cervantes (lo vi con mis propios ojos), no lejos del lugar del último atentado. Debo reflexionar sobre todo esto.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

El calor siempre es lo peor, ya sabes lo que pienso al respecto. Querido José Luis, le he enseñado tu comentario a Maite, y me gustaría que le dijeses a Helena que su profesora de Lengua y Literatura se siente muy orgullosa y muy feliz de que sea una profesora en un instituto de Estocolmo ¡y también en el Cervantes! Para que luego digan que estudiar filología es perder el tiempo.

Un abrazo muy fuerte.

A ver si nos vemos pronto.

P.D: Imagino vuestro miedo cuando supisteis del atentado en Estocolmo. A nosotros nos hubiera pasado lo mismo. Cuando están tan lejos, por absurdo que parezca porque mañana podría suceder aquí mismo , a la vuelta de la esquina, cuando están tan lejos, decía, aumenta la incertidumbre. Son los tiempos que nos ha tocado vivir.