domingo, 16 de diciembre de 2007

Amenaza a los Monegros

Durante varios años residí en Zaragoza y trabajé en Lérida, así que cada día recorría, a través del desierto de los Monegros, los ciento cincuenta kilómetros que separan ambas ciudades. He disfrutado de ese paisaje único en todas las circunstancias: bajo tormentas negras que hacían brillar la blancura de los yesos del suelo; en medio de vendavales de polvo y arena al atardecer; aparcado bajo un puente durante una granizada que impedía ver en tres metros a la redonda; al amanecer con todo el inmenso paisaje cubierto de hielo; a cuarenta y cuatro grados en pleno agosto. Soy un enamorado de los Monegros, y el proyecto de crear allí una ciudad del juego, al estilo de Las Vegas, me horroriza. Diecisiete mil millones de euros, cinco parques temáticos, setenta hoteles, treinta y cinco casinos, un hipódromo, una plaza de toros, ¡un campo de golf! y no sé cuántas cosas más. ¿Cómo es posible que se autorice tal barbaridad? Y, sobre todo, ¿cómo se compadece el apoyo que presta el gobierno de Aragón con su Expo Zaragoza 2008 y la monserga sobre el agua y el desarrollo sostenible? Por acostumbrado que esté al cinismo de los políticos, este caso me subleva. Estoy indignado y dispuesto a apoyar cualquier iniciativa que se enfrente a semejante despropósito.