lunes, 5 de febrero de 2018

Se resquebraja

Aventuraron tormentas de nieve, situaciones de alerta meteorológica, y en los noticiarios de las televisiones todas las jóvenes y bellas periodistas aparecen dando su crónica en medio de temporales terribles.

Aquí sólo llueve o, mejor dicho, llueve felizmente. Aunque no a gusto de todos. Hoy en el trabajo han venido muchos trabajadores agrarios por cuenta ajena que cobran por las jornadas reales que realizan (sí, eso es legal en nuestro país), y la lluvia de un día les arrebata el jornal de ese día. Todos eran extranjeros y a casi todos los conozco desde hace muchos años, como ellos a mí y por mi nombre.

A mí me gustaría que todo el año fuese así: mansa lluvia, días gélidos con un sol frío brillando en el cielo, coches y plantas heladas, cuervos en el campo, bandadas de decenas de pequeños gorriones moriscos volando de un arbusto a otro a nuestro paso, poder habitar el submarino de mi casa llevando una vieja, viejísima chaqueta de lana. Olvidar temporalmente, como un cobarde, que nuestro futuro es todo lo contrario a este frío maravilloso, limpio, transparente, este frío que limpia nuestros pecados y los convierte en hielo que, al caminar, se resquebraja y desaparece.