miércoles, 22 de diciembre de 2021

Dos mil veintiuno

El año dos mil veintiuno
se precipita cada día
a más velocidad hacia
el diminuto, pequeñísimo,
ojo de la aguja.

Somos los mismos y nunca
somos, exactamente, los mismos.

Amamos la belleza, amamos
el amor, querer, ser queridos,
amamos los viñedos y, al fondo
del horizonte, la nieve en las montañas.

Si alguien me preguntase qué hacer
para mantener este tesoro
le diría: seguir adelante.

Sigue adelante, camina a través
del campo, detente a examinar
las huellas de los jabalíes, las de
garduñas y zorros y
bicicletas de montaña.

Todo acaba y comienza.
Así sucederá.
No de otra manera.