viernes, 21 de enero de 2011

21

Me acuesto en la camilla y una chica joven de pelo corto coloca mi cabeza bajo la máquina, me pide que no la mueva, «tampoco para decir sí o no», y la sujeta con una correa. «Cierra los ojos, por favor, y sobre todo no te muevas», dice antes de alejarse. Cierro obedientemente los ojos y escucho los ruidos electrónicos del anillo que comienza a girar y moverse alrededor de mi cráneo. Sé lo que está haciendo: rayos X de múltiples cortes axiales de mi cabeza en tres dimensiones, lo que generará una imagen exacta de huesos y tejidos blandos. Al cabo de pocos minutos termina. La chica de pelo corto, amable y sonriente, me dice que tendré los resultados a partir del miércoles que viene. Salgo a la calle, donde hace mucho frío. Me gustan las ciudades por la mañana, cuando los niños no han salido todavía del colegio. De camino hacia el coche alzo mi rostro a la luz del sol.

3 comentarios:

NáN dijo...

Vaya casualidad. Ayer me acosté también en una camilla así, me metieron en el tubo y me hicieron fotos de las lumbares. Lástima que al bajar desde la camilla se me produjo un dolor que me quedó ya toda la tarde.

Claro que eso no es nada. Que te lo hagan en el cráneo me intranquiliza.

Lo extraordinario de esto es que lo cuentas igual que ese día de felicidad, en el que tomas unas cervezas de aperitivo mientras se hace la sepia. Me quedo pensando que es un acierto, ver los sucedidos de ese modo.

Jesús Miramón dijo...

Lo mío tampoco es nada, Nán, (espero), sinusitis, desviación de tabique nasal y pólipos que imagino que acabarán operándome, algo que comparto con Teresa, nuestra amiga común. Tú sí que tienes que cuidarte, que los problemas vertebrales son muy dolorosos e incapacitantes. Un abrazo.

NáN dijo...

Me alegra que sea eso: solamente molesto.