jueves, 3 de febrero de 2011

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De pronto he sentido en mi cerebro el aroma del aftershave del hombre que se había sentado al otro lado de mi mesa. Apenas podía creerlo. Mientras giraba hacia el ordenador he acercado disimuladamente la nariz al hombro derecho de mi camisa y sí, era cierto, ahí estaba la fragancia del suavizante. ¿Cómo explicar la felicidad que me ha embargado, las ganas de levantarme y saltar de alegría? Desde ese preciso momento el mundo ha sido absolutamente distinto para mí: más completo, más interesante, más rico. ¿Cómo explicar la emoción de volver a oler las calles, el interior de mi coche, el aire viciado del garaje, la escalera de mi casa?

12 comentarios:

Elvira dijo...

Yo tengo un olfato agudísimo, y aunque eso tiene sus desventajas, no lo cambiaría. Cuando voy paseando por la montaña me encanta el olor de los pinos, de ciertas flores, de la tierra mojada después de la lluvia. Ah, y la brisa del mar... Recuerdo un bosquecillo de pinos y eucaliptos junto al mar, en Cerdeña: aquella mezcla de olores se me quedó grabada.

Me alegra que vayas recuperando el olfato! Un beso

Jesús Miramón dijo...

Es que esos aromas que dices son maravillosos, sobre todo el del campo después de la lluvia, bueno, y también el del mar. No hay nada como estar sin olfato durante unos cuantos meses para darse cuenta de la suerte que es tenerlo. Yo soy optimista porque si en sólo tres días de tratamiento he mejorado tanto, quién sabe, tal vez me pueda curar (aunque sea durante unos meses o años). Ahora disfruto como un tonto de cualquier cosa porque todo huele, es maravilloso. Un beso.

Portorosa dijo...

¿Tanto lo notas ya? Qué bien :)

Desde luego, es una suerte oler. Pero, como curiosidad, te cuento que yo "padezco" de bastante olfato; y digo padezco porque parece que sobre todo noto los malos olores: una naranja en mal estado al fondo de una nevera, una colilla en el otro extremo de una oficina... y el ajo. El ajo es mi condena: me gusta, pero no soporto el aliento (ajeno) a ajo. Lo noto dos días después, y en el trabajo, tomando el café, me separo disimuladamente de quienes han cenado algo con ajo el día anterior.
Por no hablar de los besos...

Pero bueno, que enhorabuena.

starfoxu dijo...

Me alegro de que estés tan emocionado con tu olfato, fíjate, el café de la mañana, ese guiso favorito, el olor de la naranja recién pelada, y el perfume que sutilmente se pone tu mujer.

Que los disfrutes largamente.

Jesús Miramón dijo...

¡Deberías cambiar de profesión, Porto, y reconvertirte en sumiller o perfumista! Cuando te leía lo del ajo me acordé de la esposa de un famoso futbolista británico que jugó en España, decía que le resultaba insoportable el tufo a ajo de nuestro país. Un abrazo.

Portorosa dijo...

Buenos días.

Ya, Jesús, ese es mi sino: cada vez que lo comento me comparan con la señora Beckham... Con el consiguiente descrédito, claro :)

Jesús Miramón dijo...

Pues ya que hablas de guisos, Starfoxu, ayer preparé para cenar unos nuggets de pollo al curry con arroz basmati y disfruté de los sabores como hacía tiempo que no me lo podía permitir.

Sobre los perfumes de las mujeres algún día escribiré algo al respecto, porque hay ocasiones en las que, con el olfato en condiciones, casi no se puede ni respirar en el ascensor o incluso en mi lugar de trabajo minutos después de que se hayan ido. (Por suerte M. no utiliza perfume y sólo huele, ayer lo recuperé, a los olores suaves del gel de ducha y la crema hidratante, lo que más me gusta).

Jesús Miramón dijo...

Así que no he sido el primero en recordártelo, ¿eh? Já, já. Tienes razón, es un descrédito total. Buenos días (a tres grados bajo cero en Barbastro).

:-)

Elvira dijo...

Es que cuando se come bastante ajo, no solo huele el aliento, sino también la piel, el sudor, etc. Tenía una amiga que comía mucho ajo por lo sano que es, y cuando se iba de mi casa dejaba un rastro insufrible.

A mí también me gusta, pero reconozco que cuando lo como un día, el desayuno del día siguiente todavía me sabe a ajo. Y no me parezco en nada a V.B., jaja!

Jesús Miramón dijo...

Es cierto, no todos los olores son agradables, yo había olvidado el que produce la mezcla de la falta de higiene y el humo de las estufas de leña, también el de la vejez descuidada y pobre, un olor que además de ser desagradable es triste. Pero incluso esos olores, volver a sentirlos, me hacen sentirme bien, más completo y dispuesto para la acción.

NáN dijo...

Esto huele bien.

Jesús Miramón dijo...

Sí que huele bien, Nán, y aunque a veces huela mal siempre es preferible oler a no oler, saber a no saber, etcétera. Un abrazo.