lunes, 11 de octubre de 2010

Undécimo día

PUEDE SER SIN TÍTULO

Después de todo, estoy sentada bajo un árbol,
a la orilla del río,
en una mañana soleada.
Es un acontecimiento banal
y que no pasará a la historia.
Nada que ver con batallas ni pactos
cuyas causas se investigan,
ni con tiranicidios dignos de ser recordados.

Y sin embargo estoy sentada junto al río, es un hecho.
Y puesto que estoy aquí,
he tenido que venir de algún lado
y antes
estar en muchos otros sitios,
exactamente igual que los grandes descubridores
antes de subir a cubierta.

Hasta el instante más efímero tiene su pasado,
su viernes antes del sábado,
su mayo antes de junio.
Son tan reales sus horizontes
como los de los catalejos de los almirantes.

Este árbol es un álamo enraizado desde hace años.
El río es el Raba, que fluye desde hace siglos.
No fue ayer cuando unos pasos
formaron el sendero.
El viento, para dispersar las nubes
tuvo antes que arrastrarlas aquí.

Y aunque en los alrededores no pasa nada importante,
el mundo no es más pobre en sus detalles,
ni está peor justificado, ni menos definido
que en la época de las grandes migraciones.

El silencio no sólo acompaña a conspiraciones secretas.
Ni un séquito de causas a ceremonias de coronación.
No sólo se erosionan los aniversarios de las sublevaciones,
también envejecen los guijarros de la orilla.

Complicado y denso es el bordado de las circunstancias.
Costura de hormigas en la hierba.
Hierba cosida a la tierra.
Diseño de olas en el que se enhebra un tallo.
Por casualidad estoy aquí y miro.
Sobre mí una mariposa blanca bate en el aire
unas alas que sólo a ella le pertenecen
y una sombra se me escapa a través de la mano,
no otra, no la de cualquiera, precisamente la suya.

Ante esta visión siempre me abandona la certeza
de que lo importante
es más importante que lo insignificante.

Wislawa Szymborska, traducido por David Carrión Sánchez,
de El gran número, Fin y principio y otros poemas, 5ª Edición, 2010.

7 comentarios:

NáN dijo...

La Szymborska es ... no sé cómo decirlo. ¡Una de mis maestras de la vida!

Jesús Miramón dijo...

Yo la descubrí cuando le concedieron el premio Nobel en 1996, y fue algo asombroso porque escribía de un modo que yo conocía en mi propia mente desde que empecé a escribir . Es maravillosa y si lees (leéis) la entrevista a la que enlazo su nombre al final del poema todavía la querréis más. Me declaro un admirador absoluto de Wislawa Szymborska.

Portorosa dijo...

Yo creí que era tuyo, hasta que vi su nombre. En serio.

Jesús Miramón dijo...

¡Hala, venga! ¡Qué más quisiera yo que escribir la mitad de la mitad de la mitad de la mitad de bien que Szymborska!

Un abrazo.

Portorosa dijo...

Pues mira, no sé; supongo que en realidad tienes razón. Pero lo decía por eso que tú comentabas: parecía tu forma de pensar, de mirar, completamente.

Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Me parece que tengo la razón en las dos cosas: en que no escribo ni creo que llegue a escribir nunca como Szymborska, y también en que cuando la descubrí encontré a alguien que miraba el mundo y las cosas como las miro yo. Me reconozco en muchos de sus poemas a pesar de tantas distancias (que, como ella demuestra, en realidad no existen). Me reconozco y me reconfortan. No puedo evitar la tentación de copiar otro poema del mismo libro, mirad qué maravilla:

DEL MONTÓN

Soy la que soy.
Casualidad inconcebible
como todas las casualidades.

Otros antepasados
podrían haber sido los míos
y yo habría abandonado
otro nido,
o me habría arrastrado cubierta de escamas
de debajo de algún árbol.

En el vestuario de la naturaleza
hay muchos trajes.
Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.
Cada uno, como hecho a medida,
se lleva dócilmente
hasta que se hace tiras.

Yo tampoco he elegido,
pero no me quejo.
Pude haber sido alguien
mucho menos personal.
Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,
partícula del paisaje sacudida por el viento.

Alguien mucho menos feliz,
criado para un abrigo de pieles
o para una mesa navideña,
algo que se mueve bajo un cristal de microscopio.

Árbol clavado en la tierra,
al que se aproxima un incendio.

Hierba arrollada
por el correr de incomprensibles sucesos.

Un tipo de mala estrella
que para algunos brilla.

¿Y si despertara miedo en la gente,
o sólo asco,
o sólo compasión?

¿Y si hubiera nacido
no en la tribu debida
y se cerraran ante mí los caminos?

El destino, hasta ahora,
ha sido benévolo conmigo.

Pudo no haberme sido dado
recordar buenos momentos.

Se me pudo haber privado
de la tendencia a comparar.

Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien totalmente diferente.

(Traducción de Gerardo Beltrán)

Portorosa dijo...

Pues sí. Yo no conozco nada suyo.

Y eso, que pareces tú :)

Un abrazo, y que te mejores, Jesús.