miércoles, 26 de marzo de 2008

Raymond y Tess

Admiro mucho a Raymond Carver, lo respeto como escritor, como narrador de cuentos, como poeta. Me acompañó durante muchos años, todavía lo hace. Qué curiosas son las relaciones que se establecen entre los lectores y sus escritores: tan íntimas, tan solitarias. Son, sin duda, encuentros de carácter estrictamente personal.

Hace tanto tiempo que guardo esta fotografía en mi escritorio que ya no recuerdo dónde la encontré. En ella Tess Gallagher, su segunda esposa, mira a la cámara con ojos irlandeses, ingenuos y esperanzados a pesar de todo. Es una mirada que contrasta con la de él, fija, significativa. Está muy gordo, tal vez a causa del tratamiento contra el cáncer, y lleva el cuello de la camisa, una camisa de cuadros sin corbata, abotonado hasta arriba, lo que acentúa su papada. La americana, enorme, está muy arrugada y usada. Las gafas incapaces de matizar su mirada son grandes y parecen apoyarse más en las mejillas que en el puente de la nariz. Me atrevería a decir que porta peluquín a causa de las secuelas de la quimioterapia. Miro directamente a sus ojos en la fotografía y durante un instante tengo la sensación de que es él quien me está mirando a mí.

Raymond Carver es famoso en todo el mundo como narrador de cuentos; se le ha comparado con Anton Chéjov, algo que él nunca hubiese tolerado. Da igual, Carver es, ciertamente, un extraordinario escritor de relatos, pero también un magnífico poeta. Que yo sepa hay dos libros de poesía de Carver publicados en España, ambos en la colección Visor: “Bajo una luz marina” y “Un sendero nuevo a la cascada”. En los dos hay poemas sugerentes, conmovedores, inquisitivos. A mí me gustan mucho.

La fotografía está fechada el 15 de mayo de 1988. El hombre que en ella aparece y nos mira abrazado a su mujer moriría algunas semanas más tarde, el 2 de agosto.

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AMAR

Desde la ventana la veo inclinada junto a las rosas
cogiéndolas lo más cerca que puede de la flor para no
pincharse los dedos. Con la otra mano las arranca,
hace una pausa y arranca otra, más sola en el mundo
de lo que pudiera imaginar. No quiere
alzar la vista, no ahora. Está sola
con las rosas y con otra cosa en que sólo yo puedo pensar
pero no decir. Sé los nombres de esos rosales,

se los pusimos cuando nuestra reciente boda: Amor, Honor, Cariño-
de este último es la rosa que me tiende de repente, después
de entrar en la casa entre dos miradas. La acerco
a la nariz, aspiro el aroma, me aferro a él –olor
de promesas, de tesoros. Mi mano en su cintura para acercarla,
sus ojos verdes como el musgo del río. Y le digo entonces,
enfrentándome a lo que se acerca: mi mujer. Lo diré
mientras pueda, mientras respire, con cada pétalo
de la rosa.

ÚLTIMO FRAGMENTO

¿Y conseguiste lo que
querías de esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado en la tierra.

Raymond Carver, de Un sendero nuevo a la cascada.
Traducción de Mariano Antolín Rato.

8 comentarios:

Portorosa dijo...

Qué impresión, qué mal aspecto tiene (sí, lleva peluquín).

Es difícil decir lo que dice cualquiera de los dos poemas. Y es una inmensa fortuna poder hacerlo.

Un abrazo, Jesús.

Jesús Miramón dijo...

Carver es un poeta maravilloso y perturbador, me gusta mucho. Siempre lo reivindico como poeta porque ya todo el mundo sabe que es un narrador extraordinario. Hace mucho que no releo sus cuentos, pero sus libros de poemas siempre andan cerca de mi mesa.

ARP dijo...

Muchas gracias por la foto, yo también tengo esa relación como de amigo con Carver, no sé por qué, cuando mi vida es tan distinta de la suya.
Ha salido hace un poco un libro con todos los poemas: Todos nosotros (editorial Bartleby). También un relato de su primera mujer de su vida con él y creo que otro de Tess Gallagher.

Jesús Miramón dijo...

Gracias por la información, Arp, compraré el libro por si hay poemas que no están en los dos que tengo (por cierto, de la editorial Bartleby compré un libro de C. K. Williams, Reparación, del que dejaré algún poema por aquí un día de estos).

Anónimo dijo...

Es una foto muy tierna en verdad. Lo conozco como poeta, y sí, la relación es de extrema soledad y complicidad. Leyendo, Dinero, Miedo, A mi hija...

Aish.

Berti
http://tristeycaliente.blogspot.com

Jesús Miramón dijo...

Sí, conmueve la fotografía y conmueve la fecha en la que fue hecha. Un saludo, Berti, y bienvenida.

Elvira dijo...

Estoy llorando a moco tendido. Gracias, Jesús. Me ha llegado a lo más hondo.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

A mí también, Elvira, a pesar del tiempo y el conocimiento siempre lo hace.

Un beso.