viernes, 11 de marzo de 2022

Crudeza

Los ginkgos de la acera de mi calle junto al río ya han comenzado a despertar y las yemas se abren paso en sus ramas grises. Todo comienza a resucitar. Hoy ha vuelto a llover un buen rato durante la mañana y el mediodía. Antes de salir del trabajo he tramitado la viudedad de una mujer cuyo esposo conocía desde hace muchos años, un hombre que estuvo en nuestra agencia hace dos semanas. Ella, claramente en duelo, ha dicho: "Era muy gruñón pero era él". Esto es lo que ha dicho exactamente. Enrique era socio de una gestoría de Barbastro que venía a menudo por nuestra oficina y sí que parecía un poco gruñón, pero era él. No ha llegado a jubilarse. Todos los días asisto a historias semejantes, aunque cuando conoces al fallecido desde hace tantos años es distinto. Y sin embargo amo mi trabajo, lo amo porque es un mirador privilegiado desde donde contemplar la naturaleza humana, y siempre me ha gustado contemplar, tratar de comprender, sentir, aprender, explorar. A todos nos espera la misma crudeza, pero mientras nos acercamos a ella o nos alcanza qué mejor que mirar a nuestro alrededor y asombrarnos.