lunes, 14 de marzo de 2022

Marcianos

Todavía no es lunes pues todavía no me he acostado, y a la vez es lunes. Tengo sueño pero me gana, como siempre sucedió, este afán tonto de estar despierto. Cuando era pequeño me pasaba lo mismo. Ahora valoro el tesoro de cerrar los ojos y desaparecer del mundo y sus problemas, y sin embargo.

El río fluye con más caudal del habitual frente a nuestro apartamento. Esta mañana o, mejor dicho, ayer al mediodía, los campos de cebada lucían un color verde esmeralda fresco y hermoso tras las lluvias de la semana pasada. La tierra reacciona enseguida a los regalos. En los charcos de arcilla junto al camino había huellas de jabalíes, pero sólo pude ver una rapaz sobrevolando el cielo. Cantos de pajarillos en las encinas carrascas a nuestro paso, como avisándose mutuamente de nuestra presencia. Sé que en unas semanas volverán los abejarucos y los aviones, esos compañeros de edificio durante nuestros años en Binéfar. Había muchas nubes en el cielo, algunas blancas y otras oscuras, a miles de kilómetros de altitud. Las nubes siempre me recuerdan que soy un marciano en mi propio planeta, y la mujer que camina a mi lado también, y mis hijos, y mis padres también lo son. Todo es asombroso si te paras a pensarlo, pero fuimos sólo a caminar. Seis kilómetros en una hora.