martes, 31 de diciembre de 2019

Treinta y uno de diciembre

Es verdad: he reído y he llorado. Como tenía que ser. Ahora estoy muy tranquilo. En realidad todo es más sencillo de lo que parece: el río nos lleva sin darle importancia al viaje, sin conocer siquiera la existencia humana, mientras nosotros contemplamos el cielo escuchando el rumor de las hojas de los árboles que van quedando atrás. Siempre fue así.