martes, 19 de noviembre de 2019

Diecinueve de noviembre

Al entrar en la cabina he cerrado la puerta, he pulsado un botón verde arriba a mi izquierda con la leyenda STAR, y toda la pared circular se ha encendido mientras un ventilador lanzaba aire sobre mi cabeza. Apenas podía ver nada a través de las gafas que protegían mis ojos pero pronto me he sentido relajado a pesar de los ruidos de la máquina. ¿Aparecería en una máquina similar situado al lado de la mía transformado en un hombre mosca? ¿Viajaría en el tiempo y al abrir la puerta estaría en medio de una batalla entre indígenas y romanos o, tal vez, en una tierra yerma y desierta de cualquier forma de vida, dentro de miles y miles de años? Notaba la radiación envolviendo todo mi cuerpo casi desnudo, oía mi propia respiración y me sentía bien, allí de pie en perfecto equilibrio, los brazos abiertos.

Al cabo de diez minutos la luz intensa y el ventilador se han apagado, he abierto la puerta de la cabina y todo estaba igual que antes de entrar en ella.  Me he vestido, he abierto la puerta y una joven me ha dicho: "¿Qué tal tu primera sesión de rayos UVA? ¿Te has sentido cómodo? Te esperamos pasado mañana, Jesús".  Espero que la idea de mi dermatóloga funcione y mi dermatitis nerviosa deje de acompañarme para siempre de una vez por todas. El plan consiste en abrasar la piel enferma poco a poco, la que pica y se ve y también las células que hay debajo esperando su ocasión, Reconozco que suena primitivo pero mi doctora me aseguró que había funcionado muy bien con pacientes como yo. Tal vez en eso, en su sencillez lógica, resida su éxito. Ojalá.